—Te vas a tragar un mosquito —le advirtió el Grillo, porque Darío estaba allí, con la boca abierta y la expresión desencajada viendo cómo se extendía por costado de su coche aquel letrero:
«¡Y MI MUJER ME GOBIERNA!»
Se puso rojo en un segundo y al siguiente ya se estaba subiendo al auto de nuevo y