Saúl se giró hacia Sammy, que estaba impávida al lado del Diablo, y bufó con impotencia.
—Te quedó muy mal hacerme venir para burlarte de mí… —escupió.
Pero Sammy solo cruzó los brazos y levantó la ceja más malvada que Darío le había visto en su vida.
—Te repito que no te hice venir —sentenció—.