Si alguien le hubiera dicho a Darío Rivera que una criatura del aquel tamaño y aquella complexión sería capaz de doblegarlo, no lo hubiera creído. Pero la mano de Sammy solo lo soltó para agarrar su playera y atraerlo hacia ella.
—¡Eres tan estúpido, Diablo! —gruñó la muchacha sobre sus labios y Da