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Llegamos al hospital ya entrada la madrugada. La chica de recepción es rubia y de ojo celeste; bonita y amable.

—¿Cómo te llamas? —le pregunta a mi hija más como a una amiga que como a una paciente.

—Luz.

—Somos casi tocayas.

—¿Cómo es eso?

—Me llamo Sol.

El chiste fue malo, pero a mi hija le bastó para reír un poco. Algo raro en ella en estos últimos d&

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