Alana
Después de esa visita de los engendros del mal a mi casa, Guido me evita como a la peste cada vez que nos cruzamos en el pasillo o en la cocina, Gianella me ve y cuando me quiere decir algo yo giro mis rostro hacia el lado contrario para no darle oportunidad alguna de entablar conversación conmigo, y el pequeño Enzo él está bien y alegre como siempre porque ve que ya no estoy encerrada en mi habitación como antes.
Al fin ya puedo salir de mi habitación e incluso puedo salir de casa si lo