43. CARICIAS SILENCIOSAS
Las caricias se volvieron cada vez más y más delicadas. Nada le sacaba de la mente de que, en toda su vida, aquello sería lo más cercano a un sueño. Pero era real. Y Cristina estaba a punto de saberlo.
Su esposo empezó suavemente, y al tratarse de un hombre debidamente experimentado, contaba con la pequeña astucia de que volvería a retraerse ante él, pero no fue así. Además, como jamás tuvo contacto con nadie, el corazón de Cristina palpitó con fuerza. René utilizó sus labios y sus dedos para t