CAPÍTULO VEINTITRÉS: DAMA DE HONOR
La realidad era que Lina siempre había estado con ella en los peores momentos, ella más que nadie en el mundo sabía cuánto su amiga había sufrido por el hecho de no saber quién fue la persona con la que estuvo esa noche donde su inocencia fue pedida por completa. Por supuesto ya no estaba en la posición de reclamarle a ese hombre lo que le había hecho pues le había dado el regalo más bonito. Y ese era su hija, la niña que agradecía al mundo, solo era de ella