CAPÍTULO SETENTA Y UNO: EL BESO ESPERADO
Como cualquier otra mañana donde solo la esperanza era todo lo que podía reinar en ese momento, el sol había salido una vez más, las risas de Velvet sonaban como una melodía para Gabriela en esa casa. No necesitaba nada más que su hija y la felicidad que ella le podía producir. Esa era la razón por la que se despertaba todos los días, era la razón por la que peleaba día a día y siendo la pequeña su motor, iban a salir adelante con o sin ayuda de Daniel