Capítulo treinta.
Ha pasado ya medio año desde aquel día tan trágico y ella no despierta, no saben cuanto daría por verla sonreír, por verla correr hacia mí, por verla hacer esos pucheros que tanto me gustan, por ver sus hermosos ojos, pero parece que ella quiere seguir en ese sueño profundo en el que está.
Hoy me quedo con ella, y aunque mañana es un día ajetreado, para mi no me importa, lo único que quiero es estar con ella. Jalo una silla y me siento junto a ella.
— Amor, no sabes cuanto te extraño, me enca