Mateo infló el pecho, sintiéndose todo un héroe, esperaba ansioso el momento en que Alma reaccionara y ver cómo abofeteaba a Edan para luego correr a sus brazos, sin embargo, eso no fue precisamente lo que sucedió.
— ¿Edan? Tengo que escucharlo de ti… ¿Eso es cierto?. — Preguntó ella, en un susurro, acercándose a él.
— Yo… He… Sí. — Edan bajó la mirada. — Compré la empresa, le invertí algo y bueno…
— ¿Y lo de mi nuevo puesto de trabajo? También fuiste tú, ¿No es así?. — Alma apretó los labio