12

Antes de llegar a casa me limpio las lágrimas y también le echo aire con la esperanza de que se me quite lo rojo y la ganas de seguir llorando. Entro a la casa y en la entrada ya hay maletas, supongo que son de Salma, nadie tiene maletas rosa chillón, no entiendo por qué lleva tantas, está loca.

—Oye hija, necesito hablar contigo, en un rato voy a tu habitación.

—¿Y ahora que hice?— Le pregunto y subo a mi habitación.

Busco mi maleta pequeña y empiezo a empacar, solo l

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