Mundo ficciónIniciar sesiónEntro a la casa hasta que las luces traseras de la camioneta de Elizabeth, desaparece de mi vista. Cierro la puerta y camino hacia las escaleras, pero una mano me detiene, me sostiene del brazo y me obliga a quedarme quieto, a no dar un paso más. Suspiro, porque sé quien es, no soy tonto, nadie en esta casa lo es.
—Hablemos de esto, Daniel— la voz de mi madre es serena, tranquila, irradia paz, una temporal por supuesto, porque sé que después de e







