—Sabes que puedo caminar ¿verdad? Además me dieron muletas —fueron las palabras de Valentina cuando al llegar a una preciosa mansión totalmente remodelada David la había tomado en brazos.
—No mientras yo esté por aquí. Y cuando menos esfuerzos hagas más temprano te recuperarás.
Valentina se calló la boca y apoyó su cabeza en ese espacio entre el hombro y el cuello de su marido. No lo entendía. Lo mismo la exaltaba que la tiraba al suelo.
—Eres venático. No sé cómo actuar contigo.
"Eres tú.