Todo el mundo sabía que los anfitriones de esta grandiosa fiesta eran los Caballero, naturalmente ellos eran los protagonistas.
En el extremo occidental del gran salón, frente a los ventanales que llegaban hasta el suelo, se colocaron varios candelabros dorados con luces tenues. Silvia estaba de pie sosteniendo una copa de champán, y Daniel se encontraba a su lado.
Tomó una copa de vino de la bandeja de un mesero que pasaba y se la ofreció a Silvia.
— Prueba mejor este, te va a gustar.
Silvia de