Silvia se detuvo sorprendida. Sus ojos se fijaron en aquella mano de dedos largos y elegantes, sosteniendo un cigarrillo cuya brasa brillaba intermitentemente en la oscuridad. Sin darse cuenta, sus labios se curvaron en una sonrisa.
—Señor Caballero, ¿qué hace usted aquí?
Daniel exhaló el último anillo de humo y apagó el cigarrillo.
—He venido a buscarte.
—¿A mí? —Silvia se quedó momentáneamente desconcertada.
Daniel asintió y le extendió la invitación, exactamente la misma que Vivian había inte