Silvia con vergüenza: —Ejem, Vivi...
La voz al otro lado del teléfono se cortó abruptamente. La llamada terminó y, segundos después, sonó el teléfono de Silvia.
Vivian con timidez: —Silvia, ¿estás mejor? Lo de antes era una broma, no lo tomes en serio.
Silvia rio suavemente: —Estoy mucho mejor, la fiebre ya ha bajado.
Vivian: —Me alegro, me alegro. Tengo que colgar.
Cuando terminó el suero y se acabó la sopa, Silvia durmió un rato. Al despertar, encontró a Daniel dormitando con la mejilla apoyad