Knut recibió varios golpes de la vara de su tía Rosarina, que le silbaba en el aire. El joven soltó un grito agudo.
—No es lo que piensas, tía. Yo solo siento lástima por ella, no quiero serle infiel a mi esposa con mi ex...¡Tía, basta! ¡Me haces daño! ¡Te lo juro!
Pero Rosarina no se apiadó de su sobrino y continuó azotándolo con furia.
—¡Tía! ¿No decías que ya eras muy vieja para moverte rápido? ¡Ahora corres como una gacela! —Se quejó mientras huía a toda prisa.
—Hay un dicho que deberías ap