Al día siguiente Malú se hallaba en la oficina del padre Teo, revisaba con él, el presupuesto, de la siguiente etapa de la obra.
—Soy un despistado, muchacha —se quejó el sacerdote—, tengo varias facturas en otra oficina, es que tuve que mudarme hasta acá.
Malú sonrió.
—¿Desea que lo ayude?
—Muchas gracias —dijo el sacerdote.
Malú fue con él hasta una bodega en donde había varias cajas llenas de libros y cosas que el padre Teo necesitaba en su provisional despacho. Enseguida ella levantó un