(Filipo Valentini)
—¡No quiero ir a casa!— Vincenzo protesta mientras caminamos hacia la puerta de salida.
—Entonces quédate— ruedo los ojos —¡Me voy a casa! — Digo con impaciencia y le doy la espalda.
Necesito refrescarme, este lugar es demasiado sofocante.
—¿Qué pasa, Lipi?— él vuelve a mi lado —¿Qué pasó con la gata del vestido negro? Por la forma en que os estabais besando en la pista de baile, pensé que ibais a tener sexo y quitaros un poco de esa cara malhumorada de la vuestra, ¡pero salis