Byron
—¿No crees que esto es algo precipitado? —me preguntó mi padre al ver que me vestía a toda prisa, luego de que el doctor se marchara con mi alta voluntaria—. Todavía faltaban algunos días para que te dieran el alta, hijo.
—Sé que es pronto, pero no me importa. Lo que necesito hacer es más importante —respondí mientras terminaba de abrocharme el botón de la camisa.
Odiaba las camisas de botones; me parecían innecesarias, pero esto era lo único que Amelia, la amable suegra de mi hermana,