Anaís parpadeó varias veces, al verse en un lujoso restaurante, aún se reprochaba como fue que se convenció a ir, pero su desconfianza en Rafael estaba a flor de piel, su sistema de alarma se activó cuando este le ofrece la silla para que tomara asiento.
—¡Rafael!
—Toma asiento y disfruta de la noche que hoy está muy linda como para que sea arruinada.
—Rafael…
—Disfruta de la cena, Anaís —respondió el hombre ignorando el reproche de la mujer.
—¡Rafael! —Anaís insistía en llamar la atención
—M