Prisionero de su amor.
El rostro de Andrea era como el color de un tomate y la ira recorrió sus venas, a la vez que su expresión indicaban que en cualquier momento explotaría tal como lo hace un volcán en erupción.
«¡Esa zorra! ¿Cómo es posible que esté ahí?»
Ella no comprendía nada de lo que pasaba, ese lugar que ocupaba Fanny, lo tenía que tener.
—¿Señorita se encuentra bien? —un camarero pregunto amable. Pero ella lo fulminó con la mirada, logrando que el pobre hombre se fuera sin decir nada más.
Andrea caminó haci