Amelia
—Julian…—
Lo llamé suavemente, observando su rostro apacible mientras se concentraba intensamente en las flores del jardín.
—Mamá.—
Cada vez que me llamaba así, me hacía sonreír; la felicidad realmente se sentía real en esos momentos. Aunque otros decían que Julian tenía deficiencias, yo nunca lo veía de esa manera. Con solo mirarlo, me sentía feliz.
Julian era perfecto.
Me senté bajo el árbol cercano, y poco a poco él se acercó, hasta apoyar su cabeza en mi regazo. Acaricié su cabeza, a