Amelia
Nada podía ser más impactante que lo que él estaba haciendo en ese momento. El hombre estaba actuando de manera extraña. Una vez me dijo que le sería imposible siquiera entrar en mi habitación.
Aún recuerdo cuando dijo: —Eres repugnante—, mientras lanzaba un jarrón a mi lado. Los vidrios rotos me cortaron el pie ese día, pero a él no le importó.
Sintiendo incomodidad ante la situación actual, intenté arrebatarle lo que sostenía, pero me detuvo con facilidad.
Lo observé mientras leía, con