Paolo rodeó su escritorio y se acercó a su madre.
—No te esperaba —se inclinó para abrazarla—, menos a estas horas.
—Ya que mi hijo no se ha puesto en contacto durante los últimos días, pensé en venir a ver que lo tiene tan ocupado.
—Lo siento, se me presentó un contratiempo con un negocio y estoy tratando de solucionarlo.
—Trabajas demasiado.
—Eso me han dicho.
Su madre le acarició la mejilla como si todavía fuera un niño pequeño mientras lo analizaba con la mirada.
—Es bueno que este aq