Paolo despertó con un dolor de cabeza insoportable y la garganta seca. Abrió los ojos y los cerró de inmediato cuando la luz del día no hizo más que empeorar su dolor. Le tomó un tiempo acostumbrarse al incesante latido en sus sienes y cuando lo hizo miró donde se encontraba.
Al parecer se había quedado dormido en el sillón, aunque no recordaba cómo es qué había llegado allí para comenzar.
Vio un vaso de agua sobre la mesa de café y unas píldoras, probablemente Angelina las había dejado allí. E