Paolo estaba observando a Loredana mientras ella dormía. Apenas eran las siete de la mañana, había tiempo suficiente para que se alistaran antes de partir. Su agenda estaba libre hasta el día siguiente y asumió que el de ella también. Ninguno tenía ninguna prisa, así que podían permitirse permanecer allí un rato más.
Loredana debía estar cansada. Durante la madrugada la había despertado una vez más y ambos habían vuelto tener sexo desenfrenado. El deseo que sentía por ella no disminuyó incluso