Beatriz
—¿Qué tal si ponemos servicio a domicilio?
La voz de mi jefe es sin duda emocionada, pienso detenidamente en sus palabras mientras él cuenta el dinero del mes sentado frente a mí en la pequeña oficina al fondo de la repostería que no me gusta usar porque es demasiado agobiante.
—Supongo que podríamos intentarlo.
—Eso sería excelente, entonces — responde extendiendo uno de los fajos de billetes sobre la mesa hasta mí — esto es la inversión del mes — extiende dos fajos más — y esto el sal