Beatriz
Después de hablar con los chicos de la tienda y calcular cuantas cosas debo reponer, me permito sentarme en una de las mesas vacías de la tienda con mis pies doliendo como el infierno. Paso una mano distraídamente por mi vientre mientras una de las chicas, limpia las mesas a unos pasos de mí.
—¿Quiere que traiga algo jefa?
—No, no te preocupes — respondo — solo estoy descansando un poco.
Coloco mi mano sobre la mesa antes de mirar por la ventana hacia la concurrida calle más allá del