Beatriz
Me siento conmocionada por lo caro que cuesta todo lo que ahora está depositado en la parte trasera de mi auto. Cierro mis ojos durante un minuto, desvío la mirada hacia la bolsa de color sosa que dejé sobre el asiento del copiloto y realmente tengo ganas de llorar ahora.
Son dos diminutos pares de zapatitos a juego, lo primero que le he comprado a mis hijos y me hace sentir tan abrumada y feliz que no puedo controlarme.
Alzo la mirada hasta una tienda a unos dos metros de donde tengo