Tic tac.
Faltan diez minutos para las seis.
La mirada de Damián estaba fija en el reloj que colgaba en la pared de la oficina.
Los documentos que estaba mirando estaban cerrados y el monitor de su computadora estaba lleno de una pantalla negra.
En su escritorio de la oficina, que estaba dispuesto a abandonar en cualquier momento, había tres marcos de fotos alineados. El rostro pálido del niño se reflejaba en el marco de una fotografía que Damián miraba decenas de veces al día.
Para ser hon