—Ronald me dijo que estarías aquí para sobornarme, así que no me sorprende verte —dijo Camila, cruzando los brazos alrededor de su pequeño cuerpo con una mirada de desafío juguetón.
—Es un regalo, Cami. Leerte el diario no es un soborno; es un regalo —argumenté con una sonrisa brillante, lanzando mentalmente malas palabras a Ronald a través de nuestro enlace mental.
Por supuesto, se lo dijo. Era un hablador, siempre dispuesto a revelar cualquier secreto que pensara que animaría la atmósfera ent