LARISA;
—¡Dónde está!
Estaba temblando de rabia.
El tipo de rabia que golpea el centro de uno cuando siente que el control se le está escapando, eso era todo. Ese era el tipo de ira que mi cuerpo me empujaba por la garganta en dosis alarmantes.
Los guerreros que ví en la entrada de la oficina de manada del alfa me miraron como si me hubiera hecho más pequeña... como si no pudieran verme ni oírme.
Fruncí el ceño. —¿Te has vuelto sordo o quieres quedarte sordo porque puedo hacer que eso suceda en