Dulcinea levantó la cabeza y sus labios temblaron:
—Eso no es asunto tuyo.
Intentó soltarse.
Pero él aumentó la presión, inmovilizándola. Su mirada era insondable, cargada de una expectativa silenciosa.
Dulcinea bajó la mirada.
Imaginaba lo que él quería decir.
Así que lo dijo claramente:
—Sí, terminé con él. Pero eso no cambia nada entre nosotros. No, ya no hay un «nosotros», Luis. Nunca volveremos a estar juntos.
El ascensor estaba en silencio, solo se escuchaba su respiración acelerada.
Él la