Analu
Despierto con un ruido y veo a Santiago ya vestido, poniéndose los zapatos sentado en el borde de la cama.
— ¡Buenos días! — digo todavía somnolienta.
— Buenos días, pantera. — responde mirándome por encima del hombro.
— ¿Ya te vas? — pregunto sintiendo ya un vacío extraño.
— Sí. Tengo que irme, tengo algunos asuntos temprano por la mañana.
Ya calzado, se acerca a la cama, se inclina, me da un breve beso en los labios y antes de salir dice:
— Sobre lo de ayer, sobre volver a trabajar, bús