Analu
Decido parar en la plaza cercana a la casa de Santiago para esperar a que pase el tiempo. No quiero llegar a casa ahora, porque si no mi abuela se va a extrañar.
Me siento en la placita y busco mi celular en el bolso, pero no lo encuentro. Reviso todos los espacios posibles y no está aquí.
“No puedo creer que perdí mi celular” — me regaño a mí misma.
Con las manos apoyadas en la frente, intento recordar la última vez que lo usé. Sí, fue en la cocina. Lo dejé cargando cerca de la nevera.
“