Santiago
Estaciono el coche en el garaje del motel y ya tengo ganas de abalanzarme sobre ella aquí mismo. Solo de imaginar un cuarto cerrado con una cama y ella junto a mí, mi cuerpo ya entiende que es señal de sexo y mi pene comienza a implorar por liberación. Pero no haré eso ahora. Primero necesito saber qué es lo que tanto tiene para conversar, y también apreciar su inocencia y su curiosidad por conocer un motel.
Paso a su lado y su olor maravilloso entra por mis fosas nasales haciéndome de