Analu
Sin mucha paciencia, no le doy ni siquiera tiempo para respirar. Voy directo sacando de dentro de mí todo el malestar que sentí con aquella actitud estúpida que Santiago tuvo minutos antes de nuestra salida.
— ¿Qué fue eso con tus primos? — mi voz sale alta y firme.
Él me mira, va hasta su estantería, abre una cajita, saca un puro de dentro, lo enciende, da una larga calada y solo después responde.
— No puedes juzgar una conversación por haber escuchado solo una parte de ella. — Sopla el