Santiago
Por fin llega el sábado. Frente a mi enorme espejo me analizo. Todo es extraño y diferente. Aunque es una camisa de color oscuro, no es negra: es un azul marino intenso. Y aun así me siento distinto. Entonces, para sentirme más seguro, voy hasta mi armario, cojo un blazer negro y me lo pongo encima. Miro de nuevo en el espejo y ahora sí, está del modo que me resulta cómodo.
Me pongo el perfume, dejo los tres primeros botones de la camisa azul abiertos, doy una media sonrisa y me digo a