C118-ACCIONISTA MAYORITARIO
El teléfono sonó como un latigazo en la quietud de la mañana.
Aurora dormía aún, enroscada contra su costado; la sábana caía sobre su cadera, revelando la curva perfecta de su espalda. Era la estampa de la paz.
De un nuevo comienzo.
Angelo, apenas despierto, buscó el teléfono en la mesilla, frotándose la cara con la mano libre. El nombre en la pantalla lo puso en alerta de inmediato: su secretaria.
—¿Diga?
La voz al otro lado era tensa, profesional, pero co