NADA QUE HACER TENGO A TODOS EN MIS MANOS

Joseph estaba dubitativo, pero me miro y vi sus ojos resplandecientes como siempre y me imagine que… se lo creyó todo, porque vino a abrazarme fuerte y soltó.

—No te voy a mentir Dianne, me llene de dudas, pero cuando llegue aquí me puse a pensar en lo que escuche, lo que lo vi arrodillado llorando, sus palabras como lo dijo y se me vino a mi mente que a lo mejor se equivocó y ahora que ustedes me lo dicen debió ser así, porque mi papá amaba con locura a mi mamá y volver a ver donde ella siempr
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