Cuando me desperté en la mañana, sentí que me miraban y voltee mi cara y Adam estaba ya bien despierto, observándome sonriente y acariciándome mi cabello y soltó.
—Buenos días, dormilona
Lo miro, estaba sonriendo, no estaba triste, de que ese era mi miedo y le conteste
—Buenos días, madrugador
Nos reímos, pero se sintieron pasos que venían hacia el dormitorio y Adam se viró al otro lado haciéndose el dormido y la puerta se abrió muy despacio, dejando entrever a Joseph con cara somnolien