127. Realidad conmovida
Mauricio corre directo hacia su hija. Al igual que su madre que obtiene en su mirada aquella que es de alteración.
—¡Maya! ¡Cariño! ¿Qué ha pasado? —su padre empieza arrodillarse con cuidado al mismo tiempo que su hija se arrodilla para empezar a buscar los trozos con cuidados—. No, no. Deja eso, Maya. Puedes lastimarte.
—No es nada, papá. Estoy bien —trata de decir en cuanto su madre le busca la mano con cuidado, quitándoles los vidrios—. Mamá, descuida. Me distraje y fui una tonta.
—No, b