Tenía el pelo negro aún un poco mojado, y un mechoncito díscolo le caía sobre la frente. Laura volvió a imaginárselo desnudo en la ducha con ella, extendiéndole el gel. Luego sus ojos se clavaron en las manos de Sergio, que tan íntimamente la habían acariciado, aunque él no tenía ni idea.
Sergio pensó que debía de pasarle algo, porque estaba muy callada, pero no había nada en su actitud que le diera una pista sobre qué hacer. Bien, pues actuaría con naturalidad, no diría nada de lo que sabía qu