47. ¿Eso es todo lo que tienes que enseñarme?
Ella no dejaba de removerse de buscar más, apretando todo lo que podía con sus paredes esos dos dedos eran insuficientes para ella. No obstante, se enfrentaban en una lucha de egos donde ninguno de los dos cedería. Por lo que ella no dudó en jugar sucio también, llevando su mano derecha en medio de ambos hasta llegar al bulto escondido en los pantalones de Sergey liberando su gruesa y húmeda extensión, masturbándolo.
—Sergey, si así no pares…— le exigió, deslizando su mano una y otra vez al rit