31. ¿Adónde me llevas, Alexa?
La tenue luz del alba se colaba por las rendijas de las cortinas, despertando a Victoria en una cama solitaria. Aunque Erwan había compartido su lecho la noche anterior, su prudencia lo había llevado a marcharse antes del amanecer. Victoria lo agradecía, a pesar de la punzada de nostalgia que sentía al notar la ausencia de su calor junto a ella.
Alzó la mirada hacia el techo, y de pronto, un mareo vertiginoso la invadió con tal fuerza que ni siquiera alcanzó a buscar su muleta para apoyarse en