28. Sergey no esperes más…
Después de esas palabras Sergey no pudo pensar con claridad, la tomó del cuello besándola con mayor ferocidad, rindiéndose a esos sentimientos y deseos que ella le provocaba en esos momentos, convirtiéndose en el caballero galante dispuesto a hacer que el dolor de la mujer en sus brazos y el propio desaparecieran.
Debía estar loco, estaban a plena luz del día, en un área apartada del jardín en la que cualquiera podría descubrirlos, pero en ese instante, Sergey solo quería seguir besando a esa