Capítulo XXXIX. Una cena que prueba límites.
Ailan.
- “¿Pasa algo? Se ha quedado mudo, señor Alacintye.”- le pregunté, al atractivo hombre cayado y rígido que me miraba, como si algo extraordinario, y peligroso estuviera delante de él, al mismo tiempo que me esperaba junto a un Lamborghini Sesto Elemento, el coche de ensueño de mi hermano Marcus, el que siempre había querido, pero la diosa Miller hizo uso su veto, para que se quitara la idea de la cabeza.
Comenzaba a preocuparme por como ese atractivo hombre, con un traje gris ajustado