Capítulo XLVI. La rebeldía de una diosa.
Ailan.
- “Dime la verdad ¿estas empeñada en romperme todos lo mejores estilismo que te creo? ¿verdad?”- se quejó Gred mirándome serio.
Lo había asaltado en su estudio, para que me volviera a ayudar esta noche, no sabía por qué, pero por primera vez, y todo desde hacía conocido a mi Gladiator, deseaba estar espectacular, que ese hombre nada más verme se pusiera nervioso, además debía pedirle a Gred perdón por haberle roto su maravillosa túnica romana, de una diseñadora que estaba destacando