Capítulo XLI. Un rito escocés para atar a una diosa.
Finlay.
Desprenderme de la túnica blanca, y tentadora, que tenía mi diosa debajo, fue fácil. Anoté mentalmente que debía comprar de nuevo, para remplazar, todas las cosas que de una u otra manera eran destruidas por culpa de nuestro deseo incontrolable.
Desde un principio tuve que controlar mis ansias, que esa enloquecida diosa, se encargaba de poner a pruebas, con sus gemidos, sus suplicas, y sus incontrolables movimientos, mientras mis manos, y mi boca, iban recorriendo su cuerpo, deleitán